Las gárgolas, el fin del mundo, la lucha eterna del bien y el mal, el 12 de enero de 1977 y el fascismo
- Rafael Mondragon
- hace 4 días
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Por Mariana Masera

Una palabra breve como dios parece abrasarse en las flamígeras y vertiginosas cúpulas góticas con su mineral carrera hacia el cielo. Humilde en sus fundamentos que se aferran como raíces a la tierra que sostienen los muros, arcos, techos, bóvedas… dioses y monstruo en una enredada carrera del bien contra el mal, de la tierra contra el cielo, del hombre contra la piedra.
Piedra sobre piedra,
una y otra vez,
día tras día,
año tras año
en una contienda que construye contra los vientos.
Las aguas del río suenan,
traen las profecías y los miedos,
las plegarias y los gritos,
afuera y adentro.
La catedral crece y se enarbola temeraria
contra el mal que la circunda.
Las fieras gárgolas incrustadas en sus muros
gritan airadas cuando la lluvia cae,
gorgoreando,
sus infinitas penas.
Guturales monstruos de piedra firme que imitan quimeras,
las manos, las bocas, las piernas.
Afuera el mal para que el bien venga.
Como las olas de la marejada,
los males embaten las piedras,
las gárgolas amenazantes
con las fauces y las bocas,
gritan: ¡que se vaya la muerte!
No hay mal que por bien no venga.
La piedra, erecta, no se quema;
con su vocinglerío monstruoso
desesperan:
gargorgagargo.
La piedra compacta rasga el aire, lo hiere y lo calma.
Acechantes criaturas minerales
que rememoran la eterna lucha entre el bien y el mal,
la vida y la muerte, los amores y los odios.
Los amantes y los soldados,
errantes por las tierras de abajo,
no hacen caso a los casi celestiales seres pétreos.
No hay mal que por bien no venga.
Las gárgolas en los cielos retumban con las lluvias,
desaforadas, contra las tempestades,
pero al fin y al cabo piedra mansa.
No se escucharon sus gritos durante los bombardeos, nadie las escucha en estos tiempos.
Piedra sobre piedra,
cuerpo sobre cuerpo,
arriba las almas errantes,
abajo el cementerio con los huesos.
Las bombas se mezclan amasando las palabras y los miedos,
las gárgolas no se escuchan…
No hay mal que por bien no venga.
Miles de piedras en las catedrales apretadas en muros
para que no entren los males.
Aquí yo frente a la piedra
para conjurar con su mineral esencia
los gritos y los males de aquellos tiempos que no cesan
a 50 años de la dictadura argentina,
a 49 años del 12 de enero de 1977,
a 30 000 muertes,
a 5 000 desaparecidos en la ESMA,
a 14 235 días del secuestro…,
a 5 000 km de distancia…
Las gárgolas no se cansan.
Sus alaridos contra la intemperie.
¿Cuál será su grito?
¿Serán los nombres perdidos?
No habrá mal que por bien no venga.
Una mujer recuerda frente a la gárgola pedernal mientras reza,
“Déjanos a las dos que nos miremos”.
Berlín, 1 de febrero de 2026.













