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El patriarcado ilustrado

Por Irene García



Imagen: Google Gemini
Imagen: Google Gemini

A veces el patriarcado no grita: sonríe. Habla de cultura, de libertad, de libros, y entre risas elige quién merece ser escuchada.


No se trata de un hombre ni de su obra, sino del eco inconsciente de una herida colectiva: la desvalorización de lo femenino que habita incluso en quienes luchan por emancipar el pensamiento. El patriarcado ilustrado no censura: interpreta. Y al interpretar, también ordena, jerarquiza, excluye. Nombrarlo no es atacar, es cuidar. Porque solo lo que se mira con conciencia puede transformarse sin violencia.


Dicen que lo de Paco Ignacio Taibo II fue un malentendido, una simple cuestión de gramática. Pero el inconsciente no se corrige con comas.


En su frase (ese “poemario horribilísimo” atribuido a una mujer) no solo habló un hombre, sino una estructura entera: la del patriarca que se disfraza de progresista mientras sigue decidiendo qué voz es digna de ser leída y cuál debe quedarse afuera. El patriarcado ilustrado no grita: ironiza. Se ampara en la “razón” para preservar su jerarquía.Dice defender la calidad, pero lo que en verdad defiende es su poder de nombrar, su lugar de juez.


Y lo más revelador no fue la frase, sino la escena: un hombre burlón desplegando su desprecio frente a la primera presidenta de México, y una mujer en el poder riendo incómoda, esa risa que tantas hemos aprendido para sobrevivir a los Taibos cotidianos.


La gramática no explica eso. Lo explica el inconsciente patriarcal, que aún teme perder su monopolio del sentido. Pero algo se mueve, aunque sonrían. Las mujeres estamos escribiendo, creando, diciendo, sin pedir permiso. Nuestra obra ya no busca aprobación, la desborda.


El patriarcado ilustrado puede seguir corrigiendo sintaxis, mientras nosotras abrimos otros libros, libros sin permiso, sin disculpa y sin miedo.


Porque al final, solo lo que se mira con conciencia puede transformarse sin violencia.

 
 
 

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