top of page
Buscar

La sociedad de los penitentes, la memoria que arde, el fascismo rampante y la paz

Por Mariana Masera



En el reino de paz por venir se reconciliarán el ser humano y la naturaleza. El ser humano ya no será más que un conciudadano de una república de seres vivos a la cual también pertenecerán las de plantas, los animales, las piedras, las nubes y las estrellas.

Byung Chul Han


En una estación de metro todos miran con la cabeza agachada, como penitentes, en un gran ritual que no se logra descifrar. Todos miran religiosamente a un artefacto. A veces, algunos voltean para cerciorarse de estar en un lugar seguro. En silencio se reúnen en un andén, obligados a realizar la aún arcaica forma de peregrinar en un tren.


Un dios silencioso absorbe a sus devotos, exige obediencia y exclusividad. Nadie habla. Solos entre la multitud y juntos en la devoción. Nadie mira al otro. La vista fija y la cabeza agachada hacia el artefacto. Un murmullo de un tren que se acerca. Se levantan las miradas, se apartan los teléfonos, se suben al tren con la cabeza alta. El tren arranca y, acunados por ese rumor, los penitentes agachan humildes sus cabezas al dios digital.


Y la memoria profunda, que se niega a dar paso a la memoria urgente; las imágenes que aparecen y desaparecen en un ansioso teclear que se asemeja a la memoria de un Funes el memorioso: prolija, inagotable… Las manos nerviosas en las teclas del artefacto. Y en los cuerpos, olvidados de sí, la memoria ardiente de generación en generación, aquellas que preceden a nuestro nombre —que es único— y las de los otros que nos precedieron.Y en el artefacto incandescente, la memoria museo, que se olvida de la memoria urgente, de las memorias variables y distintas, del yo y el nosotros, de ellos.


El Führer, la patria… clic, clac, la imagen… los niños muriendo, las llamas, un amigo, las fronteras inventadas, las razas imaginadas, la muerte, el incendio, los entrevivos y los entremuertos. Todos con la cabeza agachada ante un dios digital.


El tren se detiene. Abandono el lugar de la penitencia y el olvido. Subo las escaleras con mi nombre y sus nombres, los nombres de tantos a cuestas… Levanto la cabeza hacia el cielo y las nubes… rezo las palabras de memoria, de la memoria, como lo haría Homero en otro cielo. Bendigo la hora y el aire. Y recuerdo contra la muerte y el olvido: la brevedad de una hoja que resiste al viento y las voces eternas de la esperanza.


Y el dios digital que se agita en los dedos de los penitentes, agachadas sus cabezas, los penitentes en silencio vagan… Y desde otro monte y otro cielo, un dios de palabras, imaginado amorosamente, proclama bendiciones. Bienaventurados los que se rebelan y miran, con la memoria ardiente y la voz airada.

Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

(Mateo, 5)




Berlín, 20 de diciembre de 2025.



Mariana Masera ha desarrollado una extraordinaria carrera como investigadora y creadora de espacios universitarios. Sus libros y proyectos colectivos, herederos de la preocupación política y filológica de Margit Frenk, han abierto vías inéditas para la comprensión de la lírica popular, la literatura tradicional y los impresos populares. Mariana también viene de una familia de militantes que resistieron a la violencia de Estado en Argentina, y por ello es una decidida luchadora a favor de la verdad, la memoria y la justicia.


Este texto es parte del Diario de Berlín de Mariana Masera.

 
 
 

Comentarios


bottom of page