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Las imágenes como un espacio para la escucha: "Tempestad" de Tatiana Huezo

Desearía no estar “preparada” para escuchar las historias de Myriam y Adela, pero algo dentro de mí cree estarlo y se mantiene anclado a la pantalla. Me asumo una vez más, cien y mil veces más como una testigo de este territorio incierto, de este país arrojado a la impunidad desde hace varios años.


El documental de Tatiana Huezo es un recorrido infinito para reconstruir la belleza digna en la vida de dos mujeres, de dos familias. La primera voz que surge cobijada por las imágenes es la de Miriam Carbajal, extrabajadora del área de migración en el Aeropuerto de Cancún, quien fue injustamente detenida como parte de un montaje de la entonces Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) en el sexenio de Felipe Calderón, el 2 de marzo de 2010. Myriam fue, como miles de personas, una “pagadora” así la llamó el abogado de oficio que le asignaron en el momento de su detención, es decir, una persona inocente que sería una cuota reflejada en los números del gobierno en turno y en las agendas de los medios de comunicación hegemónicos de aquel entonces.


Sentirse cerca de lo vivido por Miriam, que es una invitación de la mirada de la directora del documental, es dejarse tomar por su voz. La historia de Miriam inicia en el momento en que es anunciada su libertad y se entreteje con la narración visual de un viaje desde Matamoros hasta Cancún para volver a ver y estar con su hijo.





¿Cómo escuchar la voz de una sobreviviente? me pregunto mientras avanzo entre rostros de personas que no conozco pero con las que me puedo identificar en una terminal de autobuses o en un retén militar en la carretera rumbo a Tierra Caliente en Guerrero, cuando voy de visita al pueblo de mis abuelos. Hago una pausa para respirar un poco. Me doy cuenta de que no estaba preparada para las historias de Miriam y Adela.


En medio de las gotitas de lluvia que resbalan eufóricas sobre las ventanas de un camión de pasajeros, hace su aparición el rostro de Adela, una mujer que al seguir los pasos de su padre se dedica al arte circense. Ella, junto a tres mujeres más, lideran una carpa de circo y cargan un dolor errante. Adela es la madre de Mónica Alejandrina Ramírez Alvarado, desaparecida el 14 de diciembre del 2004 cuando se dirigía a la universidad. Su desaparición involucra a hijos de agentes judiciales y a quien en ese momento era su mejor amigo en la escuela.


Rodeada mayoritariamente de mujeres, Adela nos deja ver cómo va levantando las paredes de lona de su hogar escénico para entrenar amorosamente con las más pequeñas del grupo, mientras, nos cuenta cómo fue que descubrió el carácter de su payaso, que es el rol artístico que desempeña dentro del circo. No fue fácil descubrirlo pero al final, cada que maquilla su rostro y porta su vestuario nos deja ver que se trata de un ser fuerte y muy elegante. Tras las amenazas de muerte que recibió, su familia hizo del circo un refugio itinerante en donde la mirada de los espectadores también es un aliento para seguir en la búsqueda de Mónica.





Tempestad es un espacio para la escucha, una mirada que construye cercanía y posibilita formas para dignificar las vidas que son atrozmente aniquiladas por grupos delictivos ligados o dentro de las instituciones del Estado mexicano.


Este documental está disponible de forma gratuita hasta el 31 de julio dentro del ciclo “Rastros y luces” de Ambulante a través de la plataforma de Cinépolis Klic.




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