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Conversación con Lukas Avendaño: segunda parte

Actualizado: mar 29

Fotografía de portada: Fausto Jijón Quelal


Esta es la segunda parte de la conversación con Lukas Avendaño, en donde platicamos de la función utilitaria del arte y de la relación entre la tierra y el escenario.


Heb: En los últimos años se han retomando prácticas artísticas para acompañar procesos de exigencia de justicia, ¿crees que el arte acompaña?


Lukas: Yo creo que ahorita se está retomando esto porque en algunos momentos y en algunos contextos el arte perdió su función social. El arte desde sus orígenes me parece que tiene una función social, comunitaria, incluso de vincularte con lo sagrado. Cuando uno hace una revisión de aquellos vestigios que hay, generalmente son expresiones estéticas, una urna funeraria, un mural, un fresco, tienen que ver con lo sacro, el mismo Monte Albán, el mismo Mitla, están diseñadas para cumplir funciones sacras, pero no por eso dejan de ser composiciones estéticas, experiencias estéticas. Llegó un momento de auge donde el arte empezó a tener solamente una función utilitaria porque lo sacro devino en nada. Y ahora el arte, o eso que ahora llaman "arte", tiene una función utilitaria y no está vinculada a la colectividad, a la vida, a lo sagrado, sino a lo utilitario en el sentido de ser una manera de lavar dinero, una manera de especular.


Hay algunos esfuerzos, porque tampoco son todas-todos, que quieren recuperar, que quieren volver a amarrar ese cordón umbilical con esa memoria ancestral. Porque hay gente a la que le vale madres. Mientras tú y yo estamos aquí platicando, hay gente que en otro lado está pensado en la especulación inmobilaria. Entonces lo que decía ayer, a veces consideramos que somos muchos tratando de pensar diferente, pero no, somos pocos, y dentro de esos pocos, todavía más pocos quienes ejercemos lo que hacemos de una manera crítica y no á-critica. Porque de esos pocos hay un gran sector que hace lo que dice que hace pero lo hace de manera a-crítica y lejos de sumar a este pequeño grupo, que dice que está intentando construirse otro mundo posible, está sumando hacia los que están intentando especular.

Heb: Sí, se presenta como un dulce pero en realidad era la mierda que estabas criticando... en este panorama truculento, ¿qué estrategias encuentras como para franquear esa mierda cubierta de dulce?

Lukas: En 2006 fuimos co-fundadores de Radio Totopo en la Séptima Sección de Juchitán, y llegó mucha gente, muchos chicos, chicas, más chicos. Se aproximaban a la radio, querían ser locutores, querían aprender a editar, y nosotros dijimos: “¡Sí, vamos!”. Y a la vuelta del tiempo nos dimos cuenta que lo único que estábamos haciendo era capacitar a los que estaban generándole los spots al PRI, al PRD, al PAN, así. Y hubo un momento, no recuerdo si fueron 42 radios comunitarias, que salieron en Juchitán, en donde cualquier partido tenía una, incluso había pentecostales y testigos de Jehová que ya tenían su radio comunitaria. Y nos dábamos cuenta que muchos de esos chicos que habían llegado a Radio Totopo, eran los que estaban llevando esas radios. Entonces para mí fue así como: “ay canijo, qué estoy haciendo”, y entonces decidí, por un lado, dejar de participar en procesos en otros lados, entonces me dije: “bueno, ya estuvo bueno de los foros”, que al final de cuentas yo creo que precisamente lo que puedo decir ahora y cómo lo puedo decir, es por haber pasado por esas experiencias. Entonces dije: "bueno, mejor voy a intentar construir aquí, en donde yo estoy". Y fue así como ahora estamos construyendo el Santuario de las mariposas utópicas, ahí en Tehuantepec, porque estas aproximaciones requieren necesariamente el cuidado de una planta. Tú pones una planta, pero si no la cuidas se llena de plagas, se le sube otra planta, un bejuco, la asfixia, la mata. Uno debe estar ahí, hago esta analogía porque si no soy capaz de acompañar hasta que esta planta pueda valerse por sí misma, pues mejor no la toco, y por eso decidí concentrarme aquí donde sé que puedo sembrar un pochote y no va a venir un vecino y lo va a arrancar porque sé que esos árboles levantan el pavimento de la calle y que tumban las bardas de las casas y que aparte no sirven para nada. Entonces en esa disposición estoy ahora.


Fotografía: Fausto Jijón Quelal

Pero no es una receta, porque... yo no sé... bueno, seguramente sí, el maestro Toledo llegó a esa síntesis, por eso ahora, aunque él físicamente no está, hay un CASA, hay un MACO, hay un IAGO, y bueno, uno se alimenta de ahí. No vale la comparación, pero sí tiene sentido, tiene sentido. Yo digo Tehuantepec, pero yo no vivo en el centro, yo vivo en una agencia municipal, entonces me hubiese sido más cómodo inaugurar el Santuario de las mariposas en el centro de Tehuantepec, pero no. Si alguien quiere llegar realmente al santuario, como los santuarios del mundo, que llegue caminando, que se pierda un rato y que llegue al santuario, y como el EZLN cuando convocó en 2006, y dijo: “cada quien sus modos y sus formas, no queremos que vengan aquí, aquí no los necesitamos, ustedes son más útiles allá, en sus colonias, en sus barrios, en sus escuelas, en sus fábricas, ahí es en donde tienen que hacer su chamba, aquí como quiera bien o mal vamos a resolverlo”. Y bajo esa lógica, yo dije, sí, aunque Juchitán no está lejos de Tehuantepec, dije pues aquí, en este pueblito cucarachoso, dice mi amigo Carlos de la Séptima. En mi pueblito cucarachoso estamos intentado que haya este espacio para las niñas y los niños, y lo que sea vale la pena intentar hacerlo. Yo empecé a hacer estas cosas cuando tenía 15 años, porque fui instructor comunitario de CONAFE, me mandaron al fin del mundo y cuando uno regresa viene con la pila de hacer cosas y entré a la universidad, la terminé, empecé a entrar a esta lógica de ir tras la chuleta, entonces hay un proyecto en Guadalajara, me iba allá, Ciudad Juárez, me iba allá, Monterrey, Ciudad de México, y de repente dije: "si eso que estás haciendo allá mismo, lo puedes hacer en tu localidad también, ¿no?". No podía decir: “es que tengo que comer de algo, pues porque aquí es el campo". Yo creo que en el lugar en donde menos uno se preocupa o donde menos te da margen de pensar “es que de algo tengo que comer” que es una frase muy repetitiva de gente que he escuchado “tengo que vivir de algo” dicen, o “también como”, una cosa así, es en el campo. Afortunadamente, en tu comunidad es en donde ni siquiera pasa por tu cabeza que si vas a tener o no vas a tener para comer.



Heb: Algo que me gusta de la palabra cultura es su relación etimológica con la tarea de cultivar y eso me hace pensar en la tierra, en sembrar, en el proceso

de la planta que mencionaste hace un momento, ¿encuentras similitudes entre la escena y la tierra?



Lukas: Yo creo, siento y pienso que si yo no viniera de un contexto campesino, seguramente no tendría, aún cuando mi mamá diga que no me guste ir al terrero, porque quiero decir que, creo que me aproximaron de una manera no acertada al campo, es decir, la finca Santa Teresa anteriormente era una finca generadora de azúcar entonces funcionaba en el sistema de fincas porfirianas, tiendas de raya, entonces los peones estaban ceñidos a largas jornadas de trabajo. Yo creo que en esa lógica fue entrenado mi abuelo, en esa lógica fue entrenado mi padre, en esa lógica mi padre nos entrenó a nosotros, entonces yo lloraba para ir al campo, sabía que no había hora de regreso, no es que a las 2:00 de la tarde, no, era hasta que ya no se veía. Entonces yo sentía terror de ir a trabajar al campo. (…) Sí me gusta ir al campo pero no en esa disposición capitalista de autoexplotación o de sobreexplotación, pues no. No estoy diciendo que “ay que maldito mi papá”. Él fue entrenado así, fue entrenado así desde niño, me decía que para irse a la primaria tenía que romper no sé cuantas gruesas de coco, (una gruesa de cocos equivale a 144 cocos, es decir, doce docenas), partirlos y luego quitarles la masa del día anterior y al otro día dejar esos cocos oreando, entonces les tenía que quitar la copra, y tenía que partir otros, y sólo así podía irse a la escuela. O luego decía que ya no quería ir a la escuela porque le decían el "bello durmiente", porque se quedaba dormido, pues de cansado, aparte tenía que caminar desde la finca hasta el centro de Tehuantepec y luego regresarse al pueblo porque al otro día tenía que partir cocos y así. En cambio, sí he visto otras experiencias cuando estuve en comunidad, en CONAFE, era otra experiencia el campo, no era esa producción, tienes que producir, no desde esa mirada de peón. Pero bueno, pues también ese entrenamiento yo creo que me predispuso a decir: pues si yo no me emperro para estar en la escuela, ¿ese va a ser mi futuro?, no quiero eso, no quiero eso para mi futuro.

Fotografía: Fausto Jijón Quelal

Yo creo que esa manera de cómo creo, cómo propongo, cómo comparto, sí está muy vinculada con mi origen campesino aunque yo no la arme como campesino en el sentido de como un campesino tiene todo ese conocimiento, pero tengo un origen campesino, sé hacer cada uno de los procesos desde la siembra, hasta obtener el maíz, el proceso manual, hasta la pisca, seleccionar el maíz, cuáles son las mazorcas optimas para sembrarse, sí lo aprendí. Y hay otros conocimientos que no pude adquirir, porque pasé a esta fase de entrenamiento de la escuela. Yo creo que no está peleada la tierra con la experiencia estética, de hecho, yo creo que la estética es un código de emociones que se va conformando en el tiempo y no solamente a partir de la mirada, sino que el acto de degustación es una experiencia estética, los olores, la escucha, la vista, todos son experiencias estéticas, ahora se ha sistematizado y se ha racionalizado, pero el primer contacto tiene que ver en cómo va influyendo en tus emociones y en las emociones de los otros y precisamente eso te hace que quieras regresar a ver algo, a vivir algo o también que quieras no volver a ver a algo porque hay una memoria, es como las matemáticas, si tu primer experiencia con las matemáticas es divertida, pues te va a encantar, pero si tu primera experticia es traumática, uno dice, “cruz-cruz”. Y bueno, ahí tenemos una gran responsabilidad, creo yo, aquellos que a veces nos adjudicamos la autoridad o la irresponsabilidad de acercarnos a públicos, a las infancias por primera vez, compartirles algo, si logramos que esa primera vez su experiencia sea placentera, sea gozosa, seguramente van a querer seguir haciéndolo, pero si a la primera les decimos “el que se porte mal lo vamos a mandar a bailar” no va a querer bailar nunca más, porque el castigo está asociado con el baile. Vamos generando un sistema en donde lo placentero se convierte en castigo, creo parte de este sistema es eso, que lo placentero se convierte en castigo, por eso es que las personas no pueden externar el goce de su cuerpo, el goce de su sexualidad porque está asociado con el castigo, con al perversión, con el pecado, con lo sucio, con el maniaco, porque el placer y el gusto está asociado con esas cosas.

La conversación se fue diluyendo entre los sonidos de la cafetería donde pasamos algunos minutos conversando en ese mes de noviembre de 2020. Al transcribir esta entrevista, gané fuerzas y esa pequeñez y temores que me embargaron en los primeros meses de este 2021 se fueron disipando. Deseo que este obsequio sea para ustedes un bálsamo como lo fue para mí.

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