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Conversación con Lukas Avendaño (primera parte)

Hace unos meses, antes de que el mundo me hiciera sentir vulnerable y pequeña, conversé con Lukas Avendaño a quien le agradezco cariñosamente su tiempo, su escucha y su estar. Las preguntas realizadas son inquietudes personales sobre su trabajo y su proceso de exigencia de justicia por la desaparición el 10 de mayo de 2018 de su hermano Bruno Alonso Avendaño Martínez, y el esclarecimiento de su homicidio tras ser encontrado en diciembre de 2020. Las respuestas son anécdotas personales de donde emanan experiencias que atraviesan el cuerpo, el espacio y el tiempo para materializarse en memorias compartidas. Agradezco a Marina Santiago por ayudarme a propiciar este encuentro y al ETOAX por hacerme coincidir con ambos. La conversación comenzó con la siguiente sensación:


Heb: Después de la proyección del documental La utopía de la mariposa y de la charla entre Daniela Rea y J. Miguel Crespo y tú, escuché a varias personas decir que al oírte se quedaban con las ganas de “hacer algo”. Muchas y muchos nos fuimos esa noche a nuestro dormitorio con esa vaga y efímera intención...


Lukas (con una sonrisa en su rostro): ¡Qué irresponsabilidad! Porque no siempre el "hacer algo” conlleva a que van a hacer algo chido. Una vez me invitaron al Festival del Centro Histórico de Tehuantepec y había una asociación que se encargaba de restaurar los inmuebles. El 90% de los inmuebles catalogados por el INAH son de adobe, entonces entre su buena intención los repellaban con cemento, cuando estos inmuebles estaban repellados con cal porque la cal no sella la pared y siempre deja que respire, entonces cuando se acumulaba humedad los edificios transpiraban, a diferencia del cemento. Entonces cuando lo hacían con cemento, a la vuelta de un año o dos se caía y se daban cuenta de que, el edificio, ya estaba todo carcomido, es decir, aceleraban el deterioro. Y como dicen con este asunto de las buenas intenciones: “es que lo he hecho con muy buena intención”. Sí, pero no basta la buena intención. Digo, qué irresponsabilidad la mía que ando provocando que la gente salga a hacer cosas y resulte contraproducente.


Heb: Lukas, ¿de dónde construyes esa fuerza en ti?

¿Dónde está ese espacio de fortaleza?

¿Cuál es tu lugar de fuerza?


Lukas: No lo sé, de inmediato no lo sé. Hay dos cosas que son fundamentales en mi proceso para cómo pararme, primero creo fue fundamental en el EZLN. Yo llegué a Oaxaca en el año 97 a estudiar Derecho. Iba por la calle y era inevitable que la gente me dijera “indio”, todavía como en 2010 entré a una de estas tiendas de Oaxaca en donde venden platería. Yo iba a hacer una intervención y en mí esquizofrénica atención a la importancia que tienen los elementos en la escena y después de visitar varias tiendas llegué a una en donde por fin encontré las arracadas de plata que yo quería, entonces cuando pedí verlas, siento que el señor que me atiende lo hace de mala gana, finalmente le digo que me las voy a llevar y saco un billete de 500 pesos, él agarra y le da vuelta a mi billete y me dice: “tu billete es falso”. Esa mañana yo había sacado varios billetes de un cajero, entonces le di otro y me dijo: “tu billete es falso”. Lo que el señor me estaba diciendo era que - y en este sentido del racismo y clasismo que hay Oaxaca- yo no era merecedor, aunque tuviera el poder adquisitivo, de llevarme unas arracadas. Porque esos productos no estaban hechos para mí. Entonces, por experiencias como esas es que yo comienzo a seguir al EZLN. Yo era muy chamaco cuando surgió, fue por el año 2000 que me cayó el veinte de la importancia de la enunciación y la diginificación que le da sobretodo a los pueblos indígenas, de decir: "nosotros somos, tenemos la legitimidad para pararnos, por el simple hecho de ser pueblos originarios". Y a partir de eso le di una vuelta a mi chip. Entonces dije: “yo no necesito que nadie me legitime”. No necesito que nadie me permita o me de permiso para ser, para estar. Eso es por un lado. Y luego viene el asunto de la convocatoria cuando hace a los dignamente otros amores, cuando convocan a los estudiantes, a las amas de casa, en La Otra Campaña. Pero de todo el proceso de activismo no había encontrado un proceso político, social, que tuviera que ver con los pueblos originarios, que incluyera a lo que el EZLN llamó otros amores (homosexuales, travestis, bisexuales) o cada quien su modo y su forma, dicen ellos. Y cuando yo leo que convocan a los otros amores, porque yo decía: “convocan a los estudiantes y yo en mi fase de estudiante en algún momento dejaré de ser estudiante, ¿y entonces ya no voy a estar convocado? Convocan a los obreros, ah, yo no soy obrero, o si soy obrero en algún momento voy terminar de ser obrero, entonces, ¿ya no voy estar convocado?”. Entonces comencé a ir descartando en donde yo no estaba convocado, por el asunto de la temporalidad y la espacialidad, pero cuando convocan a los otros amores que ese, a final de cuentas, abraza a todas y todos, ahí no hay margen de error, por más que distiendas la temporalidad y la espacialidad en este juego para falsear el criterio de verdad, siempre me parece que al lugar que vayas hay una forma de concebir el amor, y en esa medida va a estar ahí, vas a estar ahí incluida, vas a estar ahí incluido, en cualquier fase de tu desarrollo, de tu existencia como ser humano hay una afecto que uno lo reduce a decir que es el amor, el amor de la abuela, el amor del nieto, el amor como primos, como sobrinos, como pareja, etcétera. Entonces ahí vas a estar convocado siempre, y entonces cuando sale esa convocatoria es cuando yo deliberadamente me declaro adherente, porque anteriormente yo era simpatizante y participaba de lejitos pero no terminaba de decir: “sí, el EZ”. No, así de lejitos, participaba. Pero entonces, cuando dice los otros amores, yo le pongo los dignamente otros amores. Digamos que ese fue un parteaguas, ahora, sí, dónde están esas bibliografías en donde uno puede echar mano, que no sean los autores blancos anglosajones con la escrupulosa mirada heteronormada. Yo empecé a pensar desde la antropología y empecé asociar con la arqueología como esta ciencia que estudia lo antiguo a partir de restos materiales, sea lítica, sea cerámica, sean textiles, y me di cuenta de que algo que estaba desvalorizado dentro de las ciencias sociales era la memoria. La memoria no tenía ningún valor, es decir, sólo tiene valor aquello que puede concretarse en algo tangible, sí, como memoria, pero aquello que está cosificado en algo, por ejemplo, la memoria de los pueblos indígenas en los museos y en las artesanías y en los vestuarios, etcétera. Entonces dije, por qué no empiezo yo a darle un valor a la memoria como parte, como este elemento de darle sustancia al ejercicio de la arqueología desde donde yo la quiero hacer, entonces a partir de ahí empecé a hablar de arqueología de la memoria. ¿Cuál es la memoria más inmediata que yo tengo? Pues la memoria de mi mamá, que a la vez es la memoria de mi abuela, que a la vez es la memoria de la bisabuela, entonces vas haciendo una serie de concatenaciones o de engarzamientos de la memoria, y cuando vas haciendo todo este rastreo uno puede llegar a darse cuenta que es portador de una posibilidad de generar una epistemología a partir de tus memorias, porque nadie va a poder desmentirte de la validez de tu memoria, porque si hay alguien que desconoce menos de ti es uno mismo. Yo soy la persona que menos desconoce de mí, fuera de ahí todos los demás desconocen mucho más, pero el margen de error hacia el conocimiento de la mismidad es uno mismo. Entonces nadie me va poder decir: “ay eso que estás diciendo, Oaxaca no es racista, Oaxaca no es clasista, no es cierto”. Yo puedo decir “sí”, porque yo lo he vivido, y está en mi memoria y nadie va a poder decirme que “no” porque yo lo viví así. Entonces esa autoridad que uno se autoinstituye o esa autoridad que uno se autoconvence, porque a veces puede estar esa memoria pero no te convences, y al contrario, es vergonzoso sacar esa memoria, es penoso, entonces tratas de esconderlo, que no sepan que vienes de un pueblito refundido que no aparece en el google maps. Yo creo que tiene su valor ser de ese pueblito que no aparece en el google maps, tiene su valor ser descendiente de una familia que es monolingüe y que no es precisamente el castellano su lengua materna, tiene su valor tener en nuestro historial una abuela o una bisabuela que nunca pudo hablar castellano, que nunca usó un huarache, que nunca usó un zapato.

Creo que es ese el valor que a mí me traspasa para que entonces yo pueda estar de esa manera, porque yo no tengo conciencia de cómo estoy. Yo creo que es un ejercicio, por ejemplo, cuando te espinas con las tunas, ¿se han espinado alguna vez con las tunas?, la agarras y cada vez que te quitas una espina sientes un alivio. Cuando yo estoy ahí, cuando alguien me pregunta algo, es como si me arrancara una espina. Yo creo que todos somos seres espinadas, sólo que hay algunos que para no sentir el dolor de quitarse la espina - porque a veces es mejor que esté ahí- dicen: “Ah, me espiné pero mientras no la toque no duele". En ese juego de que todos somos seres espinados la diferencia es que hay quienes estamos dispuestos a autoquitarnos la espina y permitir que otros nos ayuden a quitarnos las espinas y hay quienes prefieren no tocárselas.


Heb: Pensaba en una frase a partir de la memoria. Carlos Martín Beristain dice que hay que escribir para no olvidar y recordar para darte cuenta de que es verdad. Cuando yo veía la escritura en la escena que tú haces o al ponerte de pie, plantarte en la charla de ayer por la noche, para mí era como si la memoria estuviera haciéndose cuerpo. En ese aspecto pienso, ¿cómo “negociar” con el olvido?, ¿cómo dialogar con el olvido en un país de más de 40 mil desaparecidos y desaparecidas?, ¿cómo aparece la memoria de una persona que fue desaparecida?

Lukas: Yo creo que precisamente no reduciéndolo a ser un desaparecido o una desaparecida, cuando dices un desaparecido o una desaparecida en un contexto de 72 mil, la cifra de 40 mil era la cifra de 2019, luego entró la nueva administración y actualizaron las cifras. Pues 72 mil desapariciones, 72 mil un desapariciones, 72 mil dos desapariciones, se vuelve una contabilidad. Pero darles identidad, humanizar, no negociar con el olvido porque yo creo que se establece negociaciones entre iguales. Pero cuando el pensamiento hegenomónico enuncia como una estrategia el olvido, el olvido de la historia, como una estrategia para desaparecerte en cualquier nivel, es decir, justo ayer que platicaba con las Sabuesas Guerreras, me decían: “es que el gobernador dice que no hay víctimas en Oaxaca y que por esa razón no hay una comisión local de búsqueda y si no hay víctimas no tiene sentido que haya una comisión local de búsqueda”. Esa es la invitación constante del pensamiento hegemónico, que olvidemos. Por eso me gusta mucho una frase con la que terminaba el Cirque Du Soleil, en el espectáculo que se llama Alegría: “gracias a los que rompen espaldas, a los autócratas sinceros, a los falsos democrátas a los constructores de muros, a lo pintores de líneas, gracias a los que sonríen cuando mienten, por favor pónganse bajo este reflector para que grabemos sus nombres en nuestro álbum de la infamia, para que nunca olvidemos, viva la alegría”, terminaban diciendo. Porque ese el criterio de verdad: olvidemos, olvidemos lo que pasó en 2006, "ya no seas resentida", "ya supéralo". Siempre es: “ah, es que eres un resentido social”, “deja el rencor”. Pero yo personalmente no creo que rememorar sea malo. Sino que creo que es necesario traerlo otra vez al presente para que no se repitan esas cosas. Y si son experiencias gozosas, amorosas, pues con mucho más ganas hay que recordarlas para que se perpetúen, para que alguien sepa que sí es posible que la vida sea de una manera diferente a como constantemente estamos embestidos. Alguien me decía: “parece que eres tan fuerte, como con tanta fortaleza, por qué a pesar de que tú tienes un hermano desaparecido a veces te estás riendo”. Pues sí pero, yo creo que una manera de dignificar la ausencia es precisamente recordarlos vivos, que las personas que han sido desaparecidas lo que menos quisieran es que su ausencia nos provocara dolor, no quisieran que tu tristeza fuera provocada por su no estar. Entonces yo creo que una manera de, con todo lo que conlleva una desaparición, una manera de dignificarlos y hacerles saber, pese a la desaparición, pese a su ausencia, pese a su no estar, que nosotros estamos más vivos, más presentes, y los vamos a recordar y los vamos a estar enunciando.

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